¿Pero que les pasa a los medios de comunicación con el urbanismo?


Aunque quizás no sea solo con el urbanismo…

El pasado domingo tuvimos ocasión de ver en la sección de economía de un periódico muy relevante de España el siguiente titularCien ciudades no pueden construir más vivienda por el bloqueo de la ley del Suelo. La mayoría de planes de ordenación urbana son del siglo pasado y están obsoletos”. En el mismo se indicaba lo siguiente.

El bloqueo a que se apruebe una nueva ley del Suelo está teniendo consecuencias negativas para los ciudadanos que buscan una vivienda. Ya son dos los intentos frustrados en el Congreso de los Diputados para intentar introducir una norma que, según coinciden empresarios y expertos, aportaría su granito de arena para intentar caminar hacia la solución del problema de oferta inmobiliaria. La derivada de esta falta de acuerdo es la paralización de los planes generales de ordenación urbana, que contienen la regulación básica de los municipios para que puedan crecer y, por tanto, generar una mayor promoción de vivienda. Más de cien localidades sufren esta parálisis y ven cómo les resulta imposible avanzar.

Los ayuntamientos cuentan con un obstáculo insalvable que les impide diseñar nuevos planeamientos urbanísticos y adaptarse a las necesidades del 2025. El problema es que los tribunales entienden que los planes urbanísticos actuales tienen naturaleza reglamentaria y que, si se presenta un recurso, aunque sea parcial, y se estima, se declara la nulidad en cascada de todo el proyecto.

No podemos pensar que esta muestra se trata de un hecho aislado, un error de comprensión, o un desliz. A estas alturas podemos constatar que es un fenómeno generalizado. No es la primera vez que los medios de comunicación publican artículos, por sus propios periodistas o dando voz a otras personas presuntamente conocedoras de su temática (en nuestro caso de urbanismo), que no hacen sino demostrar su total desconocimiento sobre lo que hablan. La cosa no debiera pasar a mayores y es posible que no lo haga, cada vez la sociedad lee menos la prensa, pero generalmente en un modelo de comunicación que parece sustentarse en eslóganes y titulares de grandes caracteres a 5 columnas que es lo único que se lee y estos adquieren una importancia significativa, con la consiguiente deformación.

Puede que este artículo forme parte de una campaña propagandista para apoyar a los impulsores tanto del anterior Proyecto de Ley y las últimas dos Proposiciones de Ley, pero si así fuera flaco favor les ha hecho. Es el problema de juntar “churras y merinas”, no hay rigor, nadie contrasta nada y total para qué entrar en matices, incluso si su redactor es una persona altamente cualificada como un doctor en periodismo.

¿Cuál es la contribución de este tipo de artículos a la sociedad? ¿Y al presunto público seleccionado/interesado al que está dirigido?, ¿informar o desinformar?

No hemos querido reproducir íntegramente el artículo, porque con los dos primeros párrafos basta. Y, por otro lado, es posible que, si el periodista hubiera querido describir la realidad del contenido de cualquiera de las 3 propuestas legislativas, su artículo no podría tener un titular con tanto glamour, con tanto flavour que diría Don Fernando Lázaro Carreter. Pero luego nos quejamos de las fake news y de los bulos. La primera responsabilidad recae en los medios de comunicación.

En urbanismo, en vivienda, en medioambiente no es la primera vez que las cosas se distorsionan para llevar el ascua a su sardina, pero ante ejemplos tan burdos como este, parece que deberíamos poner algunos límites y llamar las cosas por su nombre. Y tampoco vale devaluar esta exigencia, negando al derecho y al urbanismo un cierto prurito a la hora de identificar y definir los contenidos de sus determinaciones, porque en realidad muchas de las versiones alternativas de los conceptos y de lo que se publica no son más que intentos de ocultar unas realidades incomodas (por ejemplo, la regeneración urbana).

Esta idea de ocultar una realidad incomoda es la que le ha llevado a nuestro intrépido periodista, y otros como él, a cometer un error de bulto como el que ilustra su artículo. Todos sabemos que la Ley del Suelo del Estado no habilita, ni paraliza, ni bloquea que se hagan planes, ni viviendas, ni nada que se le parezca. No es la ley que regula las revisiones, modificaciones, ni adaptaciones de los planes. Y (aquí sí que va la opinión) no es la ley para regular los efectos de los distintos vicios/infracciones de legalidad, ni de la elusión del principio de jerarquía normativa de los planes, sino que de tener que hacerse, debería ser modificando la Ley de Procedimiento Administrativo. Podríamos seguir, pero… ¿Qué reflexión sacamos de este tipo de periodismo y artículos? No creemos que sea vender periódicos o suscripciones, pero es posible que, sin ningún fundamento informativo, trate de generar un estado de opinión basado en falsedades.

¿A caso es este el periodismo que nos merecemos?

¡Pues aviados estamos! 

Bienvenidos al periodismo de la desinformación.

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