Urbanismo y la bomba demográfica

Posibles consecuencias de la bomba sobre el medio urbano

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Fuente: Cinco Días

El diario El Correo publicó este domingo que “Bilbao se lanza a crear un polo universitario para rejuvenecer y crecer” para atajar la crisis demográfica.

Este verano se publicó el artículo de más calado “Bomba demográfica: la amenaza silenciosa que acabará con España tal y como la conocemos” (por Jorge Benitez en El Mundo, 5/07/2018) que nos presenta, no solo una proyección ilustrativa, sino que apunta a una serie de consecuencias que, extrapoladas a la materia urbanística, se nos antojan determinantes tanto sobre el futuro, como sobre el modelo y objetivos del planeamiento y de la acción urbanística.

En el artículo se citaba a su vez el libro “Suicidio demográfico en Occidente y medio mundo”, de Alejandro Macarrón Larumbe, el cual expone que la evolución demográfica en Europa, no solo pone en jaque el Estado del Bienestar, sino a nuestra propia supervivencia. Su proyección para el año 2100 es que España tendrá la mitad de la población actual, lo que podrá suponer los siguientes efectos directos e indirectos:

  • Menor tasa de desempleo por descenso de la población activa.
  • Aumento de los salarios por escasez de mano de obra.
  • Pérdida de competitividad por caída del I+D+i.
  • Incremento de los gastos sociales y reducción de los gastos en educación.
  • Extensión de la vida laboral hasta los 80 años.
  • Incremento brutal de los fondos destinados a pensiones para garantizar su sostenibilidad y cobertura, que supondrán un aumento de las cargas tributarias y del ahorro propio.
  • Desarrollo de una sociedad más conservadora, más estabilizada y menos propicia a la innovación, a la adaptación y al cambio.

En materia de vivienda (y urbanismo), Macarrón Larumbe se limita a señalar que esta evolución hacia un envejecimiento demográfico llevará simplemente consigo una lenta disminución del precio de la vivienda, un creciente número de viviendas vacías y a la despoblación.

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Evolución y previsión demográfica de España. Fuente: elEconomista.es

Nosotros quizás no seamos tan prudentes. Si consideramos la población actual de Euskadi (2.175.000 según el Eustat en 2017) y con un margen de error nada despreciable del 10%, ¿Alguien sería capaz de imaginar nuestro territorio con 1,3 millones de habitantes? El escenario es de vértigo.

  • La demanda de nuevos suelos de transformación o retransformación no solo sería nula, sino que estaríamos abocados a la destrasfromación y a la renaturalización, tal y como está sucediendo actualmente en las ciudades menguantes de la antigua RDA, en Alemania.
  • El precio de la vivienda no tendría un lento languidecer, si no que caería de manera acusada por falta de demanda, incluso con tasas de núcleo familiar inferiores a las actuales.
  • Con los tejidos productivos no se sabe qué ocurriría, bien por los procesos de deslocalización competitiva, cada vez más acelerados, bien por los de automatización/sustitución.
  • El costeamiento urbano de reposición y/o renovación sería inviable para la administración (como lo es ya en la actualidad), pero también para promotores privados (como lo es en la actualidad en las intervenciones puntuales del urbanismo mágico de sustitución urbana).

En ese futuro relativamente cercano tendremos que redimensionar la ciudad, podemos planificarlo para minimizar los daños o esperar a actuar años después de que los efectos del problema lleven años manifestándose, con una gestión más dolorosa y perjudicial para los habitantes.

¿Es sensato que nuestras ciudades sigan creciendo (a lo ancho o a lo alto) para incrementar los costes y el sufrimiento ciudadano que comportarán la renaturalización (encoger la ciudad)?

¿No deberíamos pensar, legislar y aplicar pautas de decrecimiento y conservación urbana desde ya mismo? ¿Nos parece duro y alarmista? Pues imaginad que en una progresión lineal (que no es la real) para el año 2030, Euskadi descendiese de los 2 millones de población y el entorno en que cada uno nos encontramos en la misma proporción. Y así, cuesta abajo de manera inexorable.

Este análisis puede resultar agorero o catastrofista, pero bastaría que los primeros indicadores confirmaran la tendencia para tener que empezar a dibujar ese escenario y tomar medidas progresivas y continuadas para que en la siguiente década estemos en una mejor posición de afrontar ese problema. Al fin y al cabo, ¿no es eso la Sostenibilidad?

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Álvaro Cerezo

Álvaro Cerezo, Arquitecto (1998). Director de la Sociedad pública Puerto Deportivo el Abra – Getxo S.A. y docente de la EVETU (IVAP). Ha sido arquitecto municipal en el Ayuntamiento de Zalla. Master en valoraciones UPC-EM-REV y experto en materia urbanística. Experto en proyectos europeos (URBACT III, Integrated Urban Renewal, Environmental Issues, Sustainable Housing Support to local authorities and other stakeholders in designing and delivering integrated and participatory policies). ECA Residuos nivel I. Ha impartido clases en las Universidades de la UPV/EHU, Deusto, UPC y en instituciones INAP y ERAP, así como diversos colegios profesionales.

2 pensamientos en “Urbanismo y la bomba demográfica

  1. Santiago Peñalba

    Comparto el interés por el análisis de la demografía y creo que, como proponéis, deberíamos considerar el tema en mayor medida. No comparto sin embargo la idea de que toque legislar y aplicar pautas de decrecimiento; me apunto más bien a proyectos como el de la creación en Bilabo de un polo universitario para rejuvenecer y crecer, para atajar la crisis demográfica.
    La demografía no depende sólo de los nacimientos y de las defunciones que se producen en cada lugar, también depende de los movimientos migratorios.
    El País Vasco es lo que es demográficamente porque en las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo pasado acogió a numerosos emigrantes. Ello dio lugar en buena parte al crecimiento demográfico que se observa en el primer cuadro expuesto en el artículo en cuanto al número de nacimientos, hasta que llegó la crisis de los setenta.
    Hoy vivimos todavía la crisis del 2008 pero, a pesar de ello, en el País Vasco se aprecia un aumento del saldo migratorio a favor de la emigración, saldo que probablemente crecerá si somos capaces de consolidar y mejorar la calidad urbana y ambiental de nuestro territorio y de mantener a la vez su cohesión social.
    El EUSTAT preveía hace unos años un horizonte regresivo que en la actualidad ha sido reconsiderado. En cualquier caso está todavía en nuestras manos optar por la línea del decrecimiento (¿hasta la desaparición?) o por el de la consolidación de nuestra sociedad aprovechando las oportunidades.
    No podemos obviar, en este mundo globalizado, que el saldo demográfico es hoy superior a los 200.000 habitantes más cada día en la Tierra.
    Enhorabuena por los artículos y los temas que proponéis.
    Santiago Peñalba

    1. Natxo Tejerina

      Gracias, Santi. Son importantes las iniciativas como la de Bilbao; por cierto, hay que felicitar a los bilbaínos por estas iniciativas y por el equipo fichado para su PGOU ;). Sin embargo, nos tememos que la tónica general de los ayuntamientos va más por negar el problema y prever nuevos crecimientos del parque residencial (o mantener los previstos en planes vigentes pero obsoletos). Pensamos, por una parte, que tal vez nos encontremos en Euskadi en un juego de suma 0, de forma que los municipios más activos, como Bilbao, succionen población del entorno inmediato, principalmente. Por otra parte, deberíamos plantearnos diversos escenarios y uno de ellos, sí o sí, el de pérdida significativa de población, asignar a cada escenario márgenes de probabilidad y evaluar riesgos; tenemos la sensación de que la opción por defecto es la reducción de suelo productivo y el crecimiento del parque residencial, lo que resulta catastrófico para el caso de que finalmente se confirmen las previsiones de recesión demográfica. Por último y en cuánto a la opción del decrecimiento, se trata, no tanto de decrecer por decrecer, sino de adecuar el tamaño de la ciudad a las necesidades de su población, porque una estructura urbana mayor que su población no es mantenible, conviene estudiar la experiencia de ciudades que gestionan la pérdida de población y que tienen que encoger, como el programa Stadtumbau Ost (Reestructuración Urbana Este, 342 ciudades alemanas) o la intervención del Detroit Land Bank Authority. Creo que si pensáramos en las necesidades del escenario de reducción de la ciudad, creceríamos con menos alegría, porque muchas veces el incremento del parque residencial solo obedece a las ansias de obtener financiación fácil.

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