Los beneficios ocultos de la Gentrificación de barrios

Cuando una lectura analítica de la realidad puede llegar a cuestionar un “Mantra

Graffiti marks a wall across the street from a Metro PCS store, Saturday, May 25, 2019 in the Shaw neighborhood of Washington. The owner of the store was told to turn down the Go Go music that he had been playing through sidewalk speakers for more than 20 years. Go-go music, a distinctive Washington DC-specific offshoot of funk, has endured for decades through cultural shifts, fluctuations in popularity and law enforcement purges. Now go-go has taken on a new mantle: battle hymn for the fight against a gentrification wave that’s reshaping the city. . (AP Photo/Alex Brandon)

Graffiti marks a wall across the street from a Metro PCS store, Saturday, May 25, 2019 in the Shaw neighborhood of Washington. (AP Photo/Alex Brandon)

Un reciente artículo de Kriston Capps en CityLab (The Hidden Winners in Neighborhood Gentrification, 16/07/2019) nos anima a reflexionar sobre la necesidad de realizar análisis más cuidadosos a la hora de extrapolar las causas y los efectos de los fenómenos que se producen en el medio urbano. Aunque no es la primera vez que lo señalamos, este artículo es una buena muestra para reivindicar el análisis profundo. En este caso, sobre el denominado fenómeno de la Gentrificación Urbana.

Por su interés lo hemos traducido, pero si lo prefieres puedes leer el original, aquí.

Los ganadores ocultos de la Gentrificación de barrios

Un nuevo estudio afirma que los efectos del cambio de vecindario sobre los residentes originales de bajos ingresos son en gran medida positivos, a pesar de los temores de que aumenten los alquileres y los desplazamientos.

Cualquiera puede ver los cambios en curso que se producen en un barrio gentrificado. Los alquileres aumentan, el crimen cae, los vinotecas florecen en los escaparates antes vacíos. Pero es más difícil ver lo que sucede dentro de los hogares y en las vidas de las personas. A pesar de todo lo que se ha escrito acerca de la gentrificación, desde lo común que es el significado de la palabra hasta lo que la gente debe hacer para detenerla, rara vez se realizan estudios sólidos para descubrir el impacto que supone el repunte económico de un barrio en sus residentes originales. No se han realizado estudios para mostrar cómo el cambio realmente afecta a los residentes, si para bien o para mal.

Sin embargo, la idea generalizada sobre la gentrificación está prácticamente petrificada. A menudo, no hace falta decir cuales son los inconvenientes de la gentrificación, sobre todo el desplazamiento de los residentes de bajos ingresos, pero también el aumento de las rentas y los aumentos en los conflictos culturales, que superan en gran medida a los beneficios. El concepto de la gentrificación tiene tal fuerza que incluso hizo que Amazon diera marcha atrás cuando la compañía intentó abrir una segunda sede en Nueva York.

Pero sin datos que expliquen los cambios que ocurren bajo de los rasgos visibles de la gentrificación (lofts, motos eléctricas, mercadillos de productores agrícolas, etc.) no es fácil describir los costes o quién los sufraga. Según un estudio publicado recientemente, los residentes originales obtienen más de la gentrificación que lo que señalan los estudios sobre los residentes en barrios tradicionales. Los daños de la gentrificación, si bien son difíciles de evaluar por completo, pueden no ser tan lesivos para los residentes originales, especialmente para los que se quedan, pero incluso para los que eligen irse. ¿Qué pasa si la noción común sobre la gentrificación está parcialmente equivocada?

Los barrios, gentrificados o no, son más dinámicos de lo que la gente cree, según un nuevo estudio del Banco de la Reserva Federal de Filadelfia y la Oficina del Censo de los EE. UU. Este documento pretende ser el primer estudio transversal e integral sobre los efectos a largo plazo de la gentrificación en residentes originales. Muestra que la gentrificación impulsa la migración hacia otros vecindarios, que con mucho, es el resultado más controvertido del cambio de estatus del vecindario, pero no mucho más que en comparación con los cambios de un vecindario medio de referencia.

El estudio analiza a los residentes originales de barrios de bajos ingresos y para ello analiza los barrios céntricos de las 100 áreas metropolitanas de los EE.UU. con base en los datos del censo del año 2000 y los datos de la encuesta “American Community” de los años 2010 a 2014. Utilizando los datos anteriores como mecanismo de control, los investigadores Quentin Brummet y Davin Reed rastrearon las variaciones en el rendimiento educativo y del régimen de tenencia entre los inquilinos y propietarios con niveles educativos inferiores, así como los inquilinos y propietarios con niveles educativos superiores. Si bien algunos de estos barrios padecieron la gentrificación, no todos lo hicieron, lo que les proporcionó una base para la comparación.

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Ciudades con la mayor proporción de vecindarios gentrificables que realmente se gentrificaron entre 2000 y 2010–14. (Fuente Banco de la Reserva Federal de Filadelfia / Universidad de Chicago)

Para los inquilinos con niveles educativos inferiores, que se encuentran entre los grupos demográficos más vulnerables de un barrio, la gentrificación aumenta la emigración en un 6%. La tasa emigración para los inquilinos es alta, al margen de que el barrio mejore o no: la investigación arroja el dato que el 68% de los inquilinos con menor nivel educativo y el 79% con un nivel educativo más alto se mudan en el transcurso de una década. Por tanto, en valores promedio, la gentrificación incrementa al alrededor de un 10% las mudanzas para inquilinos con menor nivel educativo (y mucho menos para los inquilinos con un nivel educativo más alto).

Considerando la tasa de variación dentro de los barrios, los datos sugieren que la gentrificación en sí misma está sobrevalorada como una causa directa de los desplazamientos. “Esto efectivamente limita el potencial de la gentrificación para causar desplazamientos y hace posible que los barrios cambien rápidamente incluso sin los efectos de los desplazamientos“, señala el estudio.

Sin duda, el estudio reconoce que hay costes no observables asociados con los movimientos de población. Mudarse de barrio es bastante horrible en circunstancias óptimas, y el “desplazamiento” generalmente se añade a un escenario peor todavía. Pero dejar un barrio puede conducir a un resultado perfectamente neutro. La investigación muestra que “para todo tipo de individuos, los que se mudan de barrios gentrificados no experimentan peores cambios en los indicadores observables que los que se mueven de barrios no gentrificados“. El documento continúa: “Es decir, no es más probable que terminen en barrio pobre, quedarse sin empleo o tener que desplazarse a diario más lejos que las personas que se mudan de barrios no gentrificados“.

Para aquellos inquilinos y propietarios originales que se quedan en el barrio, los beneficios por la mejora de las condiciones en los barrios gentrificados son múltiples. La gentrificación reduce la exposición de los residentes originales a la pobreza, que está vinculada especialmente a la mejora de la salud en los niños. Para los inquilinos con niveles educativos inferiores, la gentrificación parece ser la causante de la reducción del riesgo de pobreza: La tasa de cambio del riesgo de pobreza dentro de este grupo fue cero.

“Muchos residentes originales, incluidos los más desfavorecidos, pueden permanecer en vecindarios gentrificados y beneficiarse de cualquier mejora en el barrio”.

Si bien cualquier discurso tradicional en torno a la gentrificación señala que las rentas se disparan para los residentes pobres, el artículo del Banco de la Reserva Federal de Filadelfia va más allá: “[Sorprendentemente], la gentrificación no tiene ningún efecto en los alquileres de inquilinos residentes con niveles educativos inferiores”. Al contrario, son los inquilinos con niveles educativos superiores los que padecen los incrementos de rentas. Los investigadores llegan a descartar que las ayudas para inquilinos constituya un factor para explicar esta diferenciación en los aumentos de renta. (Los “bonos” de vivienda no están aumentando, eso es seguro). La segmentación del mercado de alquiler puede que sea la mejor explicación en este caso: los que ganan más pagan más para quedarse en barrios con mejores servicios, mientras que los hogares de bajos ingresos pagan lo mismo por viviendas de baja calidad.

“Estos resultados advierten contra el uso de valores de alquileres promedio en los barrios donde se estudia la gentrificación, como casi siempre se hace”, advierten los investigadores.

Otra forma de abordar los desplazamientos en los barrios es considerar la proporción de residentes originales que se quedan. Los inquilinos y propietarios con niveles educativos inferiores representan el 25% de la población de los barrios en este estudio. De estos grupos, el 30% de los inquilinos y el 60% de los propietarios se quedan en barrios gentrificados. Tanto los propietarios de viviendas con niveles educativos inferiores como los que tenían niveles educativos superiores, que se quedaron en los barrios, experimentaron un aumento en el valor de sus viviendas (con mayores ganancias para los que tenían niveles educativos superiores). Sin embargo no hay ningún efecto para los propietarios que se van.

¡No todos los cambios provocados por la gentrificación cuentan como una mejora! El estudio reconoce que el aumento de los impuestos a la propiedad puede ser difícil de pagar para los propietarios de viviendas existentes por ejemplo, y a pesar de que los investigadores imputan los incrementos de valor como un activo para los propietarios de viviendas. Si bien mudarse de un barrio gentrificado puede no conducir a resultados notablemente peores, el acto de desplazamiento en sí, dejando atrás a la familia y la comunidad, tiene efectos sociales y psicológicos negativos como reconocen los investigadores. Culturalmente, la gentrificación implica cambios en el barrio que pueden hacer que los residentes originales sientan que ya no pertenecen al mismo.

Tampoco todos los beneficios se distribuyen de manera uniforme. El documento de la Reserva Federal de Filadelfia señala que la gentrificación no tiene ningún efecto en el empleo, en los ingresos o en el ratio de mejora, a excepción de los propietarios con niveles educativos superiores, “para el residente original promedio la gentrificación aumenta sus ingresos en alrededor de 3000$ y en 5000$ para aquellos que deciden quedarse”. Entonces, como tantas cosas en la vida estadounidense, la gentrificación es una victoria inequívoca para las personas que ya tienen ciertas ventajas. Pero decir que la gentrificación supone necesariamente una pérdida para aquellos menos acomodados, supone asumir una operación de suma cero, que no es el caso.

Los movimientos en las zonas urbanas son más el resultado de la inmigración que de la emigración. A lo largo de generaciones de declive y desinversión algunos barrios se despoblaron tanto que cualquier signo de nuevo desarrollo o reactivación económica parece totalmente transformador. Con frecuencia los elementos culturales de la gentrificación son difíciles de soportar: Observar a los propietarios de una librería en Frenchmen Street en Nueva Orleans llamando a la policía para que arrestase a una banda de música o un vecino de un apartamento de lujo en Washington DC quejándose de la música go-go.

Sin embargo, los desplazamientos a menudo se invocan en las discusiones sobre el planeamiento como un subproducto inevitable del crecimiento que no se puede mitigar, como el calor o la entropía. En estos desajustes del planeamiento, el desplazamiento es una carta ganadora de los NIMBY que puede detener las mejoras de movilidad o del desarrollo de viviendas asequibles. Nadie quiere desplazamientos, al fin y al cabo.

Pero, ¿qué sucede si el desplazamiento en sí es menos común de lo que parecen indicar todos los cambios hipervisibles en el tejido de un barrio? ¿Incluso, menos intenso? Eso podría reorientar el debate sobre las políticas que son realmente perjudiciales para los residentes de bajos ingresos y los hogares vulnerables. Y también contradice sobre cómo resolver esos problemas.

En el artículo se indica que “En general, encontramos que muchos residentes originales, incluidos los más desfavorecidos, pueden permanecer en barrios gentrificados y beneficiarse de cualquier mejora en el barrio… Quizás lo más importante es que los barrios de bajos ingresos que se gentrifican parecen mejorar en una serie de factores que se correlacionan con las oportunidades, y muchos niños pueden permanecer en estos vecindarios“.

El éxito del “drama de la gentrificación” es un buen ejemplo del sesgo de confirmación, y todavía más la importación a nuestro país, porque nuestra bajísima tasa de alquiler constituye un dato diferencial clave.

¿Valdría la pena, en cualquier caso, hacer un estudio parecido en nuestros barrios y observar si esos factores son análogos o no?

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Álvaro Cerezo

Álvaro Cerezo, Arquitecto (1998). Director de la Sociedad pública Puerto Deportivo el Abra – Getxo S.A. y docente de la EVETU (IVAP). Ha sido arquitecto municipal en el Ayuntamiento de Zalla. Master en valoraciones UPC-EM-REV y experto en materia urbanística. Experto en proyectos europeos (URBACT III, Integrated Urban Renewal, Environmental Issues, Sustainable Housing Support to local authorities and other stakeholders in designing and delivering integrated and participatory policies). ECA Residuos nivel I. Ha impartido clases en las Universidades de la UPV/EHU, Deusto, UPC y en instituciones INAP y ERAP, así como diversos colegios profesionales.

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