¿DECRECIMIENTO? Hay plan B.

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Bassins à flot (Burdeos)

Nuestros anfitriones, Natxo y Alvaro, nos invitan, con buen criterio, a prepararnos para el decrecimiento, a cambiar de paradigma. Tienen razón; tenemos que estar preparados para todo, también para el decrecimiento; no debemos de olvidar esa hipótesis.

La realidad de la Administración, la falta de informes integradores y en tiempo, la multiplicidad de miradas sectoriales sin la mínima comprensión de cuanto ocurre alrededor, y la complejidad de los procedimientos son tan sólo algunos de los motivos que nos dirigen hacia ese decrecimiento. Nada va a ser posible en el tiempo razonable que lo pueda hacer viable, salvo un urgente golpe de timón.

No hay duda de que nos ha de preocupar el cambio climático, y de que es el tiempo de la rehabilitación urbana, de la reutilización del patrimonio edificado heredado, y de la mejora de la eficiencia energética, como corrobora la reciente aparición de la Ley vasca 4/2019, de sostenibilidad energética, de aplicación desde el 1 de marzo último (aviso a navegantes). Una vez más, llega sin disposiciones transitorias; alguno naufragará en su singladura. Argi ibili!

Pero es también el momento propicio para la regeneración del medio ya artificializado y, a mi juicio, no debe caber duda, a pesar de que algunos lo cuestionéis, de que transformaciones como las que proponen los Ayuntamientos de Soraluze o Bilbao, en Olaldea y Zorrotzaurre respectivamente, son propuestas de regeneración urbana, de recuperación para la ciudad de terrenos fatigados, agotados, que pueden sin embargo convertirse en la luz y la oportunidad de esos municipios, como muchos ámbitos similares en otros.

Algunos proponen exclusivamente espacios libres o incluso bosques para estos lugares, poniendo en cuestión a su vez las preexistencias edificadas que, desde una estricta teoría, habrían de conservarse y rehabilitarse.

La vida es o puede ser algo más complejo, y será, en muy buen parte, como la sociedad, las personas que residen y se mueven en cada lugar, queramos que sea. El futuro de las generaciones venideras está por lo tanto en nuestras manos.

Consciente de ello, me he preocupado por conocer los planes generales urbanísticos de las metrópolis cercanas de Burdeos y Nantes (PLUM: Plan Local d´Urbanisme Métropolitain), del año 2016 el primero, mientras que el segundo espera alcanzar su aprobación definitiva muy próximamente. Son dos planes, por lo tanto, de actualidad. En ambos casos, se trata de asentamientos urbanos o aglomeraciones de más de 600.000 habitantes, algo inferiores al Área Funcional de Bilbao. En ambos casos, se plantea el reto de seguir creciendo, en la línea que ya lo vienen haciendo, a pesar de la crisis, previendo en ambos casos también la acogida de alrededor de 100.000 nuevos habitantes para el horizonte del año 2030.

En nuestro territorio no se dan circunstancias muy distintas; cabría incluso pensar que podemos ofrecer algo más: una región de mayor dimensión y una calidad ambiental y paisajística singulares. ¿Por qué, entonces, hablamos de decrecimiento, cuando al lado, en el mismo frente Atlántico, conscientes de cuanto acontece en el mundo, hacen una apuesta tan diferente?

Creo, efectivamente, que tenemos que cambiar de paradigma, pero debemos atinar y acertar con el nuevo paradigma.

Estamos en el camino del decrecimiento, las nuevas generaciones han vuelto a coger las naves y buscan su ruta allí donde hay oportunidades. Aquí, envejece la población, pero es tiempo aún de recuperar la ilusión, de retener a la juventud y de atraer población. Para ello, insisto, además de prepararnos para el plan A, el decrecimiento, quiero invitar a dar un golpe de timón.

Por supuesto, ha de hacerse procurando la eficiencia energética y previendo soluciones que eviten o minimicen el cambio climático, un reto que debe ganarse en las ciudades y muy en particular en las metrópolis y en regiones como la nuestra.

A pesar de todas las zancadillas que tiene que superar el planeamiento urbanístico, estoy seguro de que podremos lograrlo. Como anunciaba: hay plan B.

¡Que no nos falte nunca la ilusión!

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Santi Peñalba

Donostiarra, arquitecto en especialidades de edificación y urbanismo desde 1982. Funcionario del Gobierno Vasco (1982-1985) y de la D.F.Gipuzkoa (1985-1988). Profesional liberal: 1988-2019. Co-director de los Planes Generales de Bidania-Goiatz, Zaldibia, Ordizia, Gabiria, Getaria, Legazpi, Azpeitia, Tolosa, Orio, Donostia (1995 y 2010), Soraluze (2017), Ibarra (2018), y Bilbao (2019), junto el arquitecto Manuel Arruabarrena y el abogado Mikel Iriondo. Ha dirigido también el PTP de Urola Costa (2003-2006). Es profesor de los Cursos de Urbanismo del IVAP desde 1992. Es miembro del Consejo Asesor de Política Territorial del Gobierno Vasco desde 2014.

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3 pensamientos en “¿DECRECIMIENTO? Hay plan B.

  1. José Luis Azkarate

    Querido Santi, está muy bien esa mirada esperanzada al futuro, a pesar de todo, pero desligaría un futuro esperanzado de la necesidad de un crecimiento de nuestras ciudades y sobre todo, de nuestras capitales.

    Las ciudades más grandes siempre tendrán un éxito aparente en la promoción de nuevos desarrollos urbanos. Lo que no es tan evidente, es ver los impactos que ello genera. Impactos de vaciado de los barrios más obsoletos de la propia ciudad o de los municipios menos atractivos (obsoletos también) de su entorno.

    Madrid Nuevo Norte, Zorrozaurre y otros similares, siempre tendrán un éxito aparente que justificará su desarrollo. Lo que nadie analizará serán esos impactos más imperceptibles o lejanos. Un territorio español con desiertos inmensos, o también esos territorios interiores de nuestro País, en un declive sutil y continuo.

    Es difícil, o utópico, un ejercicio de responsabilidad territorial al pensar la estrategia o el planeamiento general de una ciudad importante (más aún si se trata de Bilbao), pero el crecimiento urbano, opera como unos vasos comunicantes: unos ganan y otros pierden. Lo veremos con más crudeza en la próxima década.

  2. Mikel Sanz

    Interesante reflexión Santi.
    Entiendo que lo que planteas es la combinación de distintos planes, tanto de crecimiento como de decrecimiento, que sin embargo, compartirán el mismo fin: mejorar la situación (ya sea urbanística, medioambiental…) de nuestros municipios y ciudades, que no tiene porque estar ligado necesariamente a crecer o expandirse a cualquier precio.
    Desde luego que si no se hace nada por cortar o limitar ese “vaso comunicante” al que hacía referencia José Luis, unos pocos mejorarán, pero a costa de otros muchos, y da la sensación de que cuanto más tarde se actúe, más complicado será el retroceso. Esperemos que los que sabéis, deis con la tecla. Los demás trataremos de mantener viva la ilusión.
    Un abrazo.

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